Organización Nacional de Bufetes Colectivos

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Nosotros, los abogados


 José Antonio Pillo Alonso
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Por: José Antonio Pillo Alonso

Dedicado a los hombres y mujeres abogados de la ONBC

Todavía

No han terminado de curarse las heridas de los juicios, aún ni siquiera han  sanado las anteriores, llegamos al Bufete y de inmediato nos vuelven a desafiar las mismas fuerzas que desde nuestra graduación  prometimos derribar.

Solo nos queda la determinación de seguir en pie y mantener nuestra lucha  cotidiana hasta el último signo de vida profesional. Nuestra mente crecida de pasiones y proyectos y que a veces incursiona en  un horizonte inerme jamás puede tomarse un minuto de descanso pues el conocimiento, la acción y la ética  necesitan alimentarse de  una rectitud  casi  inmortal para asumir el próximo caso.

Ya en casa

No puedes simplemente disipar la emoción de tu compromiso  y siguen irrumpiendo en tu mente cientos de percepciones  en forma de artículos, pruebas y  alegatos  que te secuestran  hasta la misma sede del desenlace.

En la noche, exhausto  observas en cámara lenta a quienes te rodean,  jugando, contando anécdotas vespertinas,  compartiendo un instante que no regresará  y  hablándote mientras sonríes, pero a veces simplemente  no estás ahí.  Por suerte el amor de la familia es tan inmenso que suele detener todo lote de emociones distantes y es entonces cuando consigues retornar a tu hogar hasta que amanece.

Al día siguiente la valentía comienza al aceptar y creer en  la causa del cliente, la integridad en forjar su proceso y nuestra dignidad en permanecer en el combate hasta el verdadero final  y en el peor de los escenarios  resistir,  no importa cómo se interprete la  resonancia cruel de la palabra firmeza.

Nuestra fuerza moral

Será la de sentirnos complacidos en haber empleado todo el arsenal disponible de actos y recursos recordando como preámbulo que para dictar una  sentencia  existen  seres destinados a cambiar o mantener la suerte de vidas, de libertades y de patrimonios.

A ellos se les llama Jueces y a su obra impartir Justicia. Su condición humana  te forzará  a admitir que  la importancia del concepto de  verdad judicial no se sustenta en su conocimiento o posesión por los que la esgrimen sino en la aptitud y en la energía para  exponerla con claridad y eficacia durante el proceso.

Los jueces no la vieron suceder y te corresponde a ti investigarla, reconstruirla históricamente y  probar los hechos que un día proclamaste su ocurrencia. Tu misión será por siempre asegurarte que la verdad se convierta en Justicia y que la Ley no sirva jamás a ficciones oportunistas.

Nuestras victorias serán amplificadas, se consignarán en leyendas populares y los nombres de algunos letrados quedarán en el verbo de diferentes culturas que lo enaltecerán como otro salvador más que arribó a su tierra.

Las derrotas persistirán más allá de un invierno nuclear y serán memorizadas por generaciones hasta la última estirpe como el anticristo que perdió su caso, con la circunstancia agravante que estaba ganado.

De manera injusta y  por gente dispersa la  labor del abogado  será cúmulo insaciable de críticas por ojos impotentes que no disponen de nuestro temple  y   tacto para afrontar situaciones bajo presión y prevalecer.  Nuestra anatomía jamás se saldrá del más mediocre de los colimadores y estar bajo fuego será una consigna eterna mientras te propongas abogar por una idea.

Somos y seremos

La vanguardia de los luchadores incansables, miembros de una guerra irregular, siempre en desventaja sea cuales fueren los tiempos, soldados rasos sin verdaderas armas y defensores de las imperfecciones más disímiles sin reparar en la intensidad del peligro.

Nuestro secreto a mil voces: nacimos para conquistar lo justo en sus  innumerables formas de existencia y para ello no existe un manual sino  la combinación del corazón y el sacrificio.

No somos más útiles que ningún otro profesional, nuestra tarea no es superior en identidad o belleza a ninguna otra, no es más sublime que la del arquitecto, que la del  hombre del ferrocarril, que la  del pescador, del carcelero y menos que la del médico.

Solo queremos distinguirnos en algo. Cuando la sociedad duerme y el custodio repasa sus recintos el abogado que ama lo que hace suele hervir de emoción junto a su código y a su lámpara de noche preparando su impronta forense hasta más allá de la medianoche.

Cuando un hombre se ve perdido en sus Derechos y va dialogando con Dios y otros santos el final de sus pasos será un toque  a nuestra puerta. Cuando se decide el destino de su alma y de sus demandas, cuando su respiración se exalta, su sangre transgrede el orden usual de su recorrido y el sudor llueve en su rostro esperando tambaleante el Fallo de un Tribunal allí estamos nosotros a su diestra, serenos, irrepetibles y seguros de la consistencia  del  trabajo desplegado  sin importar cuál  será el destino del esfuerzo ni la apreciación de nuestra entrega.

Eso somos nosotros, los abogados.

Sobre el autor: José Antonio Pillo Alonso. Abogado del Bufete Colectivo de Marianao, dedicado a materias civiles, patrimoniales y de familia, con 24 años de experiencia en la ONBC. Máster en Criminología y Especialista en Derecho Civil.

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