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La ética del abogado en tiempos de pandemia. Tarea creativa.


 Tania González
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En tiempos de pandemia la humanidad  ha visto aflorar  las caras luminosas y oscuras del ser humano para enfrentar  un  “enemigo invisible “que nos reta día tras día. El conflicto ético fundamental planteado  ubica  a la vida humana en el centro del debate, del cual no escapan  las profesiones jurídicas. El ejercicio de la abogacía  tras la Covid-19  ha puesto a prueba nuestra capacidad  de adaptarnos  a un aislamiento profesional necesario, sin dejar de acercarnos a nuestra esencia: la gestión y solución de los conflictos del cliente.

Es oportuno preguntarnos: ¿este nuevo entorno social  presupone una nueva  dimensión ética del abogado?, ¿qué  códigos deontológicos  se deben  seguir  en tiempos de aislamiento social? Estas interrogantes discurren hoy  en las salas de nuestros bufetes y merecen  un detenimiento.

En nuestro ejercicio  profesional  se develan  hoy situaciones  que requieren el fortalecimiento de las conductas éticas del abogado ya reguladas, las que deben ser ajustadas  a las nuevas circunstancias, y elevadas a su máxima expresión, al estar  abogado-cliente en situaciones extremas e inesperadas en su entorno  familiar, laboral y social.

Por lo que tanto, en el intercambio con el receptor de nuestros  servicios en estas circunstancias  de pandemia,  se debe recabar de: mayor consideración y respeto  en el trato con el cliente, esmerada representación de sus derechos, capacidad de asimilación y aceptación de nuevos medios de comunicación e intercambio no tradicional del ejercicio profesional. Es por ello que debemos  observar  las siguientes reglas:

La comunicación con el cliente: Demanda un  fortalecimiento de  valores y principios en  la comunicación, empatía para comprender al otro, sentido  humanista  y solidario. Consideración,  trato justo e igualitario, capacidad  para situarnos  en la situación de vulnerabilidad de nuestro interlocutor, no solo por el estrés generado por el conflicto en sí, sino el agregado por la situación pandémica.

 En la representación de los derechos: Se exige de la abogacía  la necesidad de  enaltecer, consagrar y  enarbolar  principios constitucionales para la defensa de derechos ciudadanos  bajo medidas  restrictivas de movilidad, limitación y suspensión  de actos judiciales, situaciones que  requieren extremar la calidad  profesional y agilidad en la actuación.

La transparencia en el actuar profesional, deviene en la necesidad de  trasmitir seguridad, protección y confianza en el tráfico jurídico de su mandato, acorde a las limitantes procesales imperantes, ante la paralización de los procesos judiciales y de asuntos en instancias administrativas, para darle continuidad a la representación  legal ostentada.

 Asimilación  y concreción de  la  ciberética: demostrada  en el uso  coherente  de las tecnologías de la información como recurso alternativo, apegado a los postulados éticos de la sociedad y los dispuestos para el ejercicio de la profesión, trasladados al empleo  de los medios informáticos, como modo de comunicación con los clientes o medio de divulgación de nuestros servicios, donde debe primar además  la responsabilidad y diligencia en el actuar  al insertarnos en la informatización  de la sociedad y en especial, la del  sistema judicial.

Tales códigos de actuación prevén que nos  adentramos en  la necesidad  de una  tarea jurídica creativa que requiere elaborar el envase jurídico más eficaz, donde  la postura ética asumida por el operador jurídico trasciende indudablemente a su éxito, como nos reclamara  el Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni en su publicación del 12 de mayo del 2020, “Nuestro Derecho y la post-pandemia”. Es por ello, que la  comunicación del abogado, la representación procesal  o el intercambio virtual  con clientes o instituciones  presupone una permanente creatividad, apelando al redoble de los principios humanistas y éticos  de la abogacía.


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